Ir al contenido principal

La séptima

 Estaría

 Toda una vida

 Buscándole la música a tu cuerpo

 Confirmar

En un segundo

que es posible que haya vida en este mundo

 

Cruzar una mirada

Como quien cruza mares

Sabores y colores tropicales

Saber que tu cariño

Descansa  como un niño

Que canta melodías de Toquinho

Y ver en una tarde

En una única tarde

Que el tiempo es el único enemigo


Voy amor voy amor

Corriendo atrás del hilo del deseo

A encontrar algún mar

En un mundo perdido yo te veo

 




 



Comentarios

Entradas populares de este blog

Pelotuda

Una vez más, después de tanto tiempo, me dispongo a contar cómo empezó todo. Es que ahora resulta lógico lo que en su momento pensaba en la soledad de mi cama, mientras lloraba boca abajo, tapada mi cabeza por la almohada. Estoy en una silla frente a mi pupitre, sentada sola, en el primer asiento de la primera fila de la derecha, porque es esa la fila que tiene asientos de a uno. Las otras tienen asientos de a dos, y aunque no están todos ocupados, me permiten evitar la responsabilidad de tener que sentarme junto a alguien que finja aceptarme, que simule no reírse o comentar por lo bajo sobre mí. Una sola vez lo intenté. Superar con esfuerzo esa barrera implacable que me alejaba de la gente, de mis compañeras, de mis compañeros más aún. Compañero o compañera: palabras tan agradables ahora y que en aquel momento significaban solo eso: personas que compartían un mismo grado, una misma aula, pero que nunca iban a ser tus amigas o amigos. Que solo eran amigas entre sí para divertirse ali...

Cuentakilómetros

Había una vez un pibe que salía a pasear con sus amigos en la camioneta que le prestaba su papá. Pero el papá le ponía un límite. Le decía que no tenía que andar mucho, solo unas pocas vueltas por el barrio. Pero él no sabía de límites: cuando se subía a la camioneta con sus amigos, cruzaban avenidas, plazas y puentes buscando las aventuras y emociones que alimentaron las mejores anécdotas de su vida. Tampoco sabía de límites para la cantidad de gente que llegó a llevar en esa camionetita. Quince, veinte. Ya es un mito que todavía hoy se discute en bares y universidades. Para que no lo castiguen por no respetar límites, el pibe llegaba a su casa y hacía siempre lo mismo: Tomaba un cricket, ponía la camioneta sobre unos tacos de madera y hacía girar las ruedas marcha atrás, para que el cuentakilómetros también retrocediera, y no develara el secreto de los kilómetros recorridos ese día. Todas las semanas hizo eso, religiosamente: el pedido al padre, el paseo, las aventuras, el cr...

Nosotros tampoco le tengamos miedo.

En estos días asistimos a cierta aceptación generalizada de que la ultraderecha nos gobierne. El candidato que hasta hace unos meses literalmente puteaba a los gritos a quien osara contradecirlo ahora se muestra tranquilo, no sabemos si bien aconsejado o bien medicado. Los medios antiperonistas festejan la corrección del rumbo, porque expresa lo que ellos siempre quisieron expresar, y también porque están aterrados de quedar en la bolsa de los periodistas ensobrados. Es más, ya están entrevistando a alguien que dice haber sido su pareja, para humanizarlo. Pero los medios oficialistas tampoco se animan a contradecirlo. Nuevamente caen presos en la corrección política y solo se limitan a “explicar el fenómeno”. Hay que explicar lo más simple: lo que Milei propone no es algo nuevo, es lo que hicieron los militares en los 70, Menem en los 90 y Macri hasta 2019. Hay que redoblar esfuerzos en explicar que estamos así por una consecuencia de eso. Y desmantelar cada una de sus propuestas...